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Vegaviana

Posiblemente sea Vegaviana uno de los pueblos de colonización sobre el que más se haya escrito.

José Luis Fernández del Amo rompió varios de los estereotipos con los que otros arquitectos proyectaban núcleos de población para el Instituto Nacional de Colonización alejándose de unas connotaciones relacionadas con la arquitectura popular, que la supo reconvertir al eliminar lo superfluo y quedarse con lo imprescindible: muros de mampostería de lajas de pizarra, pequeños huecos y cubiertas inclinadas.

Fernández del Amo asimiló la modernidad desde la abstracción (debe recordarse que fue el primer director del Museo Nacional de Arte Contemporáneo de 1952 a 1958) al pensar más en la repetición que en la variedad. Las fotografías del pueblo que recogen largos bloques de viviendas todas iguales entre sí, es una característica de su arquitectura.

La incoación de expediente BIC por parte del ayuntamiento y las transformaciones que ha sufrido el pueblo en los últimos años, tanto en los espacios públicos como en las viviendas dejan en una situación contradictoria el futuro de uno de los más importantes núcleos de colonización construidos por la administración franquista.

Miguel Centellas Soler, arquitecto, septiembre 2017

*El autor de las fotografías en blanco y negro incluidas es Kindel (Joaquín del Palacio).

 

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Apartamentos El Palmeral

Es uno de los primeros edificios de apartamentos en la Urbanización de Aguadulce proyectados por Cassinello en el que ya se distinguen algunas de las características arquitectónicas que siguió utilizando posteriormente en este tipo de obras como son los accesos por corredor, el uso de terrazas y celosías y las escaleras voladas de hormigón, que es un elemento distintivo de la obra de este arquitecto, que también puede verse en los apartamentos Las Yuccas y El Pitaco en Aguadulce o en Los Arenales y Las Chumberas en la urbanización de Roquetas de Mar.

Está formado por la adición de dos bloques iguales adosados por una medianera constituidos por dos viviendas de un dormitorio en el centro y de dos en los testeros.

La singularidad de esta construcción reside en la estructura ya que los tres pórticos que la constituyen cuando llegan a la planta baja se apean sobre un gran arco que recorre longitudinalmente cada uno de los volúmenes. Es una solución estructural innovadora que permite liberar la planta baja de pilares y convertirla en una planta diáfana para el uso de los vecinos que ya había planteado conceptualmente el arquitecto unos años antes en 1960 en el edificio de viviendas “Manolo Manzanilla” en Almería.

Miguel Centellas Soler, arquitecto, agosto 2017

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Viviendas en la Villa Olímpica de Barcelona

La concesión de los Juegos Olímpicos de 1992 a Barcelona sirvió para la transformación del barrio industrial del Poblenou, donde se construyeron las viviendas para los deportistas que después se ha convertido en uno de los lugares más apreciados para vivir de la ciudad.

En la esquina noreste se sitúa uno de los conjuntos más importantes en la Villa Olímpica realizada por los arquitectos Elías Torres y José Antonio Martínez Lapeña.

Es el único edificio de la intervención alejado de la ortogonalidad que presenta todo el conjunto. Se proyectan dos edificios diferenciados, uno, alargado en forma curva, casi de herradura, de siete plantas y una torre exenta de diez niveles de forma ovalada, como hito residencial, visible en primer término cuando se accede desde Ronda Litoral por el lado del río Besós.

La modélica austeridad de la propuesta radica en el uso de dos únicos materiales: el ladrillo cerámico cara vista y las persianas correderas de librillo. Es necesaria una importante capacidad de síntesis para construir un edificio de este tamaño con tan pocos elementos, aunque es cierto que la normativa sugería a los arquitectos la utilización de este material. La utilización de las coderchianas persianas de librillo para la protección de la radiación solar garantizan un adecuado control lumínico en el interior de las estancias.

Miguel Centellas Soler, arquitecto, agosto 2017

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Cubierta para el Monasterio de San Juan en Burgos

El Monasterio de San Juan se fundó en Burgos en 1091, como consecuencia del impulso que las órdenes monásticas dieron al Camino de Santiago, considerada la primera gran ruta cultural de la historia. Si bien la actividad constructiva se prolongó varios siglos, sufrió dos incendios hasta que la desamortización lo desposeyó del uso religioso. Tras ser adquirido por el Ayuntamiento para la ubicación de un Museo municipal en la segunda mitad del siglo XX, diversas intervenciones de mantenimiento le permitieron llegar hasta nuestros días como una ruina consolidada.

Sobre las preexistencias a cielo abierto de la iglesia, en 2015 se encarga la construcción de una cubierta para la protección de las ruinas y para la consolidación del uso cultural. Los arquitectos José Manuel Barrio y Alberto Sainz de Aja (BSA arquitectos) proponen un plano plegado continuo que recompone volumétricamente las tres naves de la iglesia desde la abstracción y desde la materialidad contemporáneas. Los apoyos, elevados sobre los muros originales, le otorgan a la cubierta una condición liviana, flotando sobre el antiguo espacio religioso y convirtiéndolo en un nuevo ámbito expositivo que integra una lectura pedagógica de las ruinas del Monasterio y la creación de un discurso evolutivo que localiza inequívocamente la intervención en el espacio y en el tiempo.

La intervención ha obtenido el Gran Premio Europa Nostra de defensa del Patrimonio Cultural en su edición de 2017.

Ricardo Hernández Soriano, 2017

En este artículo de Plataforma de Arquitectura podéis encontrar información adicional.