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Geometría para náufragos

El horizonte según la definición de la Rae es “el límite visual de la superficie terrestre, donde parecen juntarse el cielo y la tierra”.

En geometría descriptiva, en el sistema cónico, la línea del horizonte se sitúa en el infinito, a la altura del punto de vista.

En algún momento de nuestra educación infantil aparecía una secuencia dibujada que nos evidenciaba que la tierra era redonda: desde el puerto, un observador veía acercarse un barco; inicialmente aparecía por el horizonte solo la bandera, luego el mástil, las velas completas… hasta que finalmente se revelaba la embarcación completa. Esta visión se producía (evidentemente) por la curvatura del planeta, que en el mar no se ve afectada por el relieve superficial; si la tierra, y por tanto la superficie marina, fuesen planas, en todo momento el observador habría visto el barco completo, aunque cada vez más grande (más cercano); como en nuestra geometría descriptiva.

Cuando el carguero en que viajaba con su familia se hundió, Piscine Molitor Patel logró mantenerse a salvo en un bote salvavidas. Allí encontró un manual de supervivencia, en el que aprendió que el horizonte, visto desde la altura de un metro y medio, se encuentra a una distancia de cuatro kilómetros.

Redefinamos el horizonte como el lugar donde se juntan el cielo y el mar, y determinemos dónde está.

En realidad, la operación es muy sencilla: sólo tenemos que definir un triángulo rectángulo en el que el cateto mayor es el radio terrestre  (distancia del agua al centro de la tierra, el radio de la tierra), la hipotenusa la distancia entre el centro de la tierra y el punto de vista del observador (el náufrago que doma al tigre y está pendiente de que aparezca un barco que le rescate, es decir, el radio de la tierra más la altura del observador), y el cateto menor la distancia al horizonte (d).

Y aplicando el teorema de Pitágoras (el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos), obtendremos el valor de la distancia al horizonte.

Ninguno recordaremos el radio de la tierra (ni el mínimo, ni el máximo, ni el medio, por aquello de que la tierra tiene forma de esfera achatada por los polos). Sin embargo, en lo más recóndito de nuestra memoria académica encontraremos algo que relacionaba el metro y las dimensiones terrestres… Sí, por definición, un metro es la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre. Es decir, que el meridiano terrestre mide cuarenta millones de metros, por lo que es fácil calcular que el radio terrestre es 6.366.197 metros (suponiendo la vaca esférica y homogénea).

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Y como el manual de supervivencia establecía la altura del punto de vista en 1,5 m…, podemos afirmar que el horizonte se encuentra a 4370 metros del observador.

Si Rodrigo de Triana gozaba de buena vista, la noche era despejada (y supondremos de luna llena), y estaba atento a su labor,  cuando gritó “¡Tierra a la vista!” estarían aproximadamente a 15 km de la misma, que era la distancia al horizonte desde los aproximadamente veinte metros de altura del palo mayor de la Pinta.

 

* Piscine Molitor Patel es Pi, el protagonista de La Vida de Pi, novela de Yann Martel llevada al cine por Ang Lee.

 

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Barceloneta revisitada

Si a un estudiante de arquitectura (y a los ya titulados siempre les queda algo de estudiantes) le pedimos que cite cuatro obras de Coderch, probablemente dos de ellas sean la Casa Ugalde , y las viviendas en la Barceloneta.

Del edificio de viviendas en la Barceloneta, obra de José Antonio Coderch y Manuel Valls, todos recordamos las bandas verticales de color naranja, y las lamas:  las lamas horizontales, frecuentemente empleadas por Coderch, y que esta ocasión adquieren un ancho mayor de lo habitual adaptándose a la escala del edificio.

En realidad, existe la posibilidad de que alguien recuerde las lamas, recuerde las bandas verticales, pero no ese color naranja. Y si esto es posible es porque en nuestra memoria hemos visto en muchísimas ocasiones esas viviendas desde la mirada del fotógrafo Francesc Catalá Roca, y por tanto en blanco y negro.

El aspecto exterior del edificio manifiesta una indudable modernidad y abstracción: el contraste entre las bandas cerámicas y las zonas protegidas con lamas (toda la relación de la vivienda con el exterior se realiza a través de estas lamas, orientables pero no practicables); toda la fachada de las viviendas configurada como un único plano que se quiebra y se pliega en las fachadas laterales; la planta baja constituida como zócalo (de nuevo el contraste entre planos, entre llenos y vacío) sobre el que vuela el volumen de viviendas, casi sin tocarse (sólo una arista de continuidad en cada una de las fachadas laterales, además de la medianera). Y finalmente el alero, que se separa de la cubierta dejándonos ver el cielo desde la calle, y constituyéndose a su vez en coronación del peto de la azotea.

Ver por primera vez la planta de estas viviendas supone un ligero desconcierto: un aspecto laberíntico que en una primera y rápida impresión puede parecer gratuito, casi frívolo; puedes llegar a pensar… ¿funcionarán? Pues sí, las viviendas funcionan; según los autores, la ruptura de la ortogonalidad que caracteriza a esta planta se debe únicamente a la necesidad de encajar dos viviendas de tres dormitorios por planta. ¿No había otro modo? Lo hubiera o no, lo que sí se hace evidente, una vez analizada detenidamente la planta, y comprobado que las viviendas funcionan muy bien, es que estos giros generan una riqueza espacial y visual en el interior de la vivienda que difícilmente se alcanzaría sin ellos; las relaciones establecidas entre los dormitorios, las galerías y el exterior, o el vestíbulo, el salón y el exterior…

Volver a ver, de tarde en tarde, estas plantas, estas imágenes, nos recuerda el valor de la buena arquitectura, de la que sin duda Coderch y Valls fueron grandes autores.

La Casa Catasús y la Casa Rozes serían probablemente las otras dos obras que me vendrían inmediatamente a la mente.

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¿rehabilitar, conservar, esconder, congelar?

Hoy casualmente me he topado con unas fotos que hice en abril de 2003. cuando estaba siendo demolida la Estación de Autobuses de Granada, situada entre Camino de Ronda y Arabial. Aunque estuve algunos años utilizando esa estación, mi recuerdo acerca de la misma es muy difuso, y casi se limita a un sitio oscuro, sucio y maloliente al que siempre llegaba con la hora justa para coger el autobús y del que siempre huía en cuanto el de vuelta llegaba. Así que en mi memoria no hay datos para añorar el edificio.

Sin embargo, la demolición de la estación, una vez su uso fue trasladado a la estupenda, amplia, bien comunicada, limpia y luminosa terminal nueva en la Carretera de Jaén,  dejó ver una preciosa estructura de hormigón que de manera casi anecdótica fotografié.  Dicha estructura de hormigón (de los hangares) contaba con algún tipo de protección, pues el proyecto de viviendas, oficinas y espacio deportivo que Rafael de la Hoz  realizó en el lugar conservó dicha estructura, albergando el uso deportivo (desconozco si el estudio Rafael de la Hoz se hizo cargo realmente del proyecto del equipamiento deportivo).

Algún tipo de patología (degradación, corrosión…) sufría la estructura, de manera que fue necesario un refuerzo metálico más que significativo (como se aprecia en la fotografía aérea).

En la actualidad, no hay ningún rastro en el edificio que indique que esa estructura es la del hangar de la antigua estación; todo está reforzado  y forrado, escondido. Quizás la única pista sea el contraste entre el bloque residencial y el deportivo.

Y encontrarme hoy las fotos me ha hecho preguntarme… ¿tiene sentido? ¿Tiene sentido conservar una estructura (supongo) tan dañada que hay que reforzarla de un modo que impide cualquier relación del original con la vida nueva, con el espacio nuevo? ¿Tiene sentido esa imposición formal, ese sobrecoste?

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oportunidad y riesgo

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El primer lunes de octubre se celebra el Día Mundial de la Arquitectura. Es habitual que el mundo de la arquitectura celebre actividades conmemorativas, divulgativas y de visibilidad en ese día y por extensión y programación en esa semana, la llamada Semana de la Arquitectura. Desde el año 2012, uno de estos actos consiste en la colocación de placas identificativas en aquellos edificios incluidos en los distintos Registros Docomomo.

Ayer martes 7 de octubre de 2014 asistimos a la colocación de la primera de estas placas en la provincia de Jaén. El edificio elegido fue el Colegio Padres Paules, también conocido como Seminario Reina de los Apóstoles, en la localidad de Andújar.

Luis Laorga Gutiérrez, autor de diversos edificios docentes, proyectó en 1965 este edificio, siendo el punto que señala el fin de la extensa y profunda huella del Movimiento Moderno el municipio, iniciado con el Salto del Jándula de Casto Fernández-Shaw, y que incluye el Poblado de Colonización de Llanos del Sotillo, el cine Tívoli, la viña Gisbert y el Mercado de Abastos.

El complejo programa requerido, que incluía residencia de alumnos, comunidad femenina, comunidad masculina,  áreas de docencia y ocio,  así como zonas para el público ajeno al centro, se resuelve con una gran claridad y contención formal, con una rotunda organización global y de cada una de sus áreas, estableciendo las adecuadas y medidas relaciones entre ellas, recurriendo a la creación de diversos patios y ámbitos semicerrados que califican y cualifican los diversos espacios y sus relaciones y facilitan la articulación de los distintos usos, cediendo la representatividad para la pequeña Capilla ubicada en el acceso, y estableciendo evidentes relaciones proyectuales con la coetánea Universidad Laboral de Huesca, proyectada el mismo año por Laorga junto a José López Zanón.

Las diversas obras escultóricas, litúrgicas y cerámicas de Joaquín Rubio Camín son plenamente coherentes con el tono global del edificio.

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Desde 2008 el edificio se encuentra sin uso, y pese a que en 2011 pasó a titularidad pública, las circunstancias económicas han dejado en suspenso la implantación de un nuevo uso, a la espera de que la situación permita, por fases, ubicar nuevas funciones, públicas esta vez, en el inmueble.

Los edificios no pueden ser espacios vacíos. La mayor garantía de la adecuada conservación de un edificio es su uso, su funcionamiento diario, la vida. Sin vida, el deterioro de un inmueble es inevitable y progresivo; al paso del tiempo se une un inadecuado mantenimiento, y una mayor exposición a daños externos, incluso actos vandálicos y malintencionados.

Es necesario poner de nuevo en uso el edificio, volver a dotarlo de vida. Escogiendo adecuadamente el programa, un programa que habrá de ser capaz de encajar en los espacios existentes, en su estructura formal y organizativa, sin pervertir el edificio original. De la elección de este uso y de su modo y de sus tiempos de implantación (¿es viable plantear de un modo coherente el uso de distintas áreas del edificio paso a paso?) dependerá el éxito de la intervención.

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Ayer, durante el acto de colocación de la placa, se habló del valor de estos pequeños gestos por el reconocimiento que suponen para el patrimonio y para la ciudad en sí.  Se habló del orgullo que supone para la ciudad de Andújar su extenso patrimonio del Movimiento Moderno, reflejado con seis obras en los Registros Docomomo. Y también se habló de la importancia, desde el punto de vista social, de que los edificios estén en uso, en funcionamiento, y de las dificultades que en ocasiones existen para cambiar el programa de uso de un edificio: escuela de hostelería, escuela de deporte, escuela de idiomas…

El Colegio Padres Paules, por sus características, por su resolución formal y organizativa, es un edificio capaz de albergar múltiples usos de manera simultánea y entre los que se pueden establecer adecuadas relaciones de integración o de separación, según sea necesario.  No es el Colegio un edificio “contenedor” que admita una nueva fragmentación a demanda; es un edificio que respondía de un modo claro y preciso a un programa complejo, no unitario, y es precisamente esta respuesta y esta complejidad inicial la que permitirá encontrar el modo de volver a ponerlo en funcionamiento.

La viabilidad de la implantación de los diversos usos planteados (una vez desechado el uso original) dependerá del rigor, la cautela, el cuidado y si se me permite el cariño hacia el edificio existente, de modo que la intervención lo sea de mínimos, y coherente y respetuosa con el origen.

La colocación de la placa Docomomo ha de servir para el reconocimiento al edificio, ha de ser motivo de orgullo, pero sobre todo ha de permitir que la mirada de los políticos, los técnicos y la sociedad en su conjunto se detenga en un edificio de gran valor arquitectónico, y en la arriesgada oportunidad (que no oportuno riesgo) que supone, en el siglo XXI, la re-habilitación (re-vitalización) de una excelente pieza de nuestro patrimonio reciente.

Este edificio se encuentra incluido en el Registro Docomomo Ibérico de Equipamientos, en el Catálogo del Plan General de Ordenación Urbanística de Andújar, y en el Registro Andaluz de Arquitectura Contemporénea.

Y sí, merece un recortable.

Fernando Jiménez Parras, arquitecto. Colaborador con la Fundación Docomomo Ibérico en los trabajos de Registro de la provincia de Jaén.

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Luz, aire, espacio

Cuando te incorporas a una cola y ves un cartelito que reza «Desde aquí 45 min», lo primero que se te viene a la cabeza es un «Puf, ¿merecerá la pena?». Ves a la gente salir, y les oyes hablar «Está bien, pero esto es más para los críos», y con la otra oreja escuchas al crío decir «Un rollo». En cualquier caso, ya estamos aquí, vamos a ver. Lo que está claro es que en la semana que llevaba en el Parque de las Ciencias de Granada estaba siendo un éxito de público.

El aspecto exterior es el de un castillo hinchable, así que la versión «Esto es más para los críos» no suena disparatada. Pero…

Cuarenta y cinco minutos pasan rápido, y más si los aprovechas para mirar en internet la web de Architects of Air:  «Un luminarium es una escultura monumental en la cual el público se adentra caminando para disfrutar de una experiencia sensorial provocada por la belleza de la luz y el color… Entren y déjense llevar». Y vuelves a dudar sobre la versión correcta.

Enseguida niñas y adultos nos vimos en el vestíbulo previo, descalzándonos, porque al Luminarium se entra descalzo. «Por favor, no os quitéis los zapatos hasta que os lo digamos, porque para saber cuántas personas hay dentro contamos los zapatos que hay aquí». Cien zapatos. Cincuenta pares. Y al salir un pequeño grupo por fin es nuestro turno.

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Las advertencias en el vestíbulo son claras: hay que tener cuidado; el material del que está hecho el Luminarium es muy fino y delicado, así que nada de correr, nada de saltar, nada de echarse en las paredes… Pues no, no es un castillo hinchable. Padres, vigilad a los críos; críos, vigilad a los padres. Qué buen trabajo hacen siempre las chicas de amarillo del Parque de las Ciencias, saben cómo sacarnos a todos una sonrisa.

Y tras esa cortina de plástico rígido… empieza la aventura. Y entonces lo comprendes, todo, inmediatamente.

En ese momento conoces, reconoces,  la materialidad de la luz. Alberto Campo Baeza dijo en alguna ocasión que la luz es el material más lujoso que hay, pero que como es gratis, no lo valoramos. El Luminarium es luz hecha espacio. El color, que lo domina todo, hace además que casi podamos tocar la luz. Rojo, azul, verde… Sorprende que un día nublado como el que teníamos sea capaz de generar una luz así, tan intensa. Tan material. La luz, material, generosamente derrochada.

Recorrerlo supone pasar de espacios amplios a otros angostos, comprimidos. Las secuencias, naturalmente, son determinantes, y  es fácil confundir la escala global de la instalación al dar vueltas por los distintos pasillos. Encuentras pequeños nichos laterales, zonas donde tumbarse, recostarse o sentarse.

Y todo dominado por esa luz material tenue y coloreada que impregna y caracteriza completamente el espacio.

El gran espacio, la cúpula «Enschede», ve su escala magnificada por las transiciones previas, así como el particular tratamiento de su techo, con iluminaciones lineales de gran potencia visual.

Y aire. Claro, es un castillo hinchable, un globo inflándose constantemente, un espacio en sobrepresión. Encuentras los puntos de entrada (las pérdidas son obvias), y te das cuenta del ingente trabajo que supone soldar las distintas piezas de pvc entre sí, y luego acoplar (con cremalleras) los distintos módulos que componen el total. Todo para poder tocar la luz en ese aire.

«Este LUMINARIUM se inspira en la belleza de las formas geométricas de la naturaleza y en la arquitectura islámica. Sus cúpulas y túneles recuerdan las formas repetitivas de los bazares iraníes», es lo que cuenta la pequeña reseña que incorpora el plano. Las superficies curvas, continuas, de algún modo impuestas por la técnica, evocan esas formas, esas arquitecturas. Pero las escalas, los recorridos, las sucesiones denotan una clara intencionalidad en el diseño.

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Sí que es un castillo hinchable. Es un magnífico castillo hinchable cuyas tripas por una vez recorres y vives.  «Un acuario de luz a conciencia», titulaba su reseña un medio, y algo tiene de cierto ese apelativo, acuario, cuando uno se sumerge en su luz, su aire, su espacio.

Para críos.  De 0 a 99 años.

 

La instalación Luminarium, Arquitectura del Aire, ha estado instalada en el Parque de las Ciencias de Granada entre los días 18 y 28 de septiembre de 2014. Si en algún momento pasan cerca de vosotros, no perdáis la ocasión de visitarla, merece la pena. Entrad tanto tiempo como podáis, tantas veces como podáis, en tantas circustancias distintas como podáis.  Esperemos que vuelvan por aquí.

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un juego frívolo y perverso

Ayer, al hilo del artículo publicado en El País referente a Javier Carvajal, se inició en twitter (en la pequeña parte de twitter sobre la que tenemos vistas, se entiende) un entretenido debate sobre un imaginario podio en el que se disputaban el espacio los grandes arquitectos españoles.

Que hay déficit de reconocimiento hacia algunos arquitectos españoles es más que evidente. Carvajal, Higueras, Aburto… Su obra no siempre es reconocida ni siquiera entre los propios profesionales de la arquitectura (cualquiera conoce a Le Corbusier, pero la cosa cambia con los nombrados, por poner algunos ejemplos).

Así que alguien expresaba que Carvajal estaba situado en el segundo escalón de ese imaginario podio, lo que ha generado una sucesión de tweets sobre los ocupantes de cada uno de esos escalones, que inicialmente eran escalones multitudinarios, pero en que al final, como en los inmortales, sólo puede quedar uno.

Por orden de aparición, intentaré no dejarme a ninguno:

Carvajal, Higueras, Corrales, Molezún, Fisac, Coderch, Sota, Oiza, Fernández del Amo, Cano Lasso, Sert, Aizpurúa, Moreno Barberá, De la Hoz, Aburto, Asís Cabrero, Gutiérrez Soto.

Esos diecisiete nombres de la arquitectura española del siglo xx  han salido en un ratito, a vuelapluma, entre los distintos participantes en el juego twittero. Todos ellos candidatos de algún modo a ocupar su espacio en un hipotético podio.

El juego adquiría una nueva dimensión cuando alguien proponía «dar el hiperpremio de la arquitectura española, a uno». ¿Quién debería ocupar el escalón más alto del podio del Olimpo de la Arquitectura Española?  ¿Quién es el Maestro de Maestros? ¿Se puede realmente proponer a ese Zeus de la Arquitectura Española? ¿Se puede hacer dicha propuesta a través de twitter?

Y como nos gustan los juegos, no vamos a rechazar este, y desde aquí os pedimos vuestra participación. Decidnos, ¿qué arquitectos están en el olimpo de la arquitectura española? El marco temporal más o menos está establecido con los diecisiete nombres ya citados, pero lo acotaremos en los primeros 75 años del siglo XX. ¿Qué arquitectos españoles, cuya obra esté contenida en ese periodo temporal, son los mejores? Os pedimos que os pronunciéis, con el nombre del arquitecto, y una obra suya (para de algún modo justificar su presencia), e incluso una fotografía. Dejad comentarios en esta entrada, o publicad tweets o entradas en facebook,  utilizando la etiqueta #OlimpoArquitecturaES.

Con vuestra participación solamente queremos generar debate. Nos interesa conocer vuestros puntos de vista sobre los dioses de la arquitectura española. Y no, no vamos a transformar esto en un rollo democrático (en plan «el más votado será designado el mejor»). Este juego no tendrá ganadores, no tiene objetivo, más que el propio juego. Nos gusta la Arquitectura y nos gusta ver Arquitectura; como dejó escrito uno de esos maestros, «la emoción de la Arquitectura hace sonreír, da risa».

Muchas gracias por vuestra participación.fisac010desBYN

 

 

 

 

 

 

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5 razones por las que «la pagoda» es una obra maestra de la arquitectura

1: ES UNA SOLUCIÓN INTEGRAL Y BELLA
Responde a los requerimientos del encargo, tanto funcionales como de imagen, mediante una solución que aúna ingenio estructural, racionalidad constructiva y belleza.
La idea ilumina integralmente el diseño. Son las soluciones técnicas las que dan lugar a las soluciones formales, y esa circunstancia por sí misma ya le confiere belleza. La fachada exterior y el espacio interior están intrínsecamente relacionados, siendo consecuencia uno del otro.

2: ADQUIERE SINGULARIDAD DE MANERA RACIONAL
La torre es encargada por la propiedad para que sirviera de propaganda, a modo de anuncio de los laboratorios, al ubicarse cerca de la carretera nacional.
Fisac lo consigue mediante un sencillo juego formal resultante de girar 45º cada uno de los pisos; es el propio diseño lo que le proporciona una imagen reconocible, sin necesitar artificios ni decoraciones.
Además resuelve casi todo con sólo dos materiales (hormigón armado y vidrio), y esa economía de medios le otorga una gran fuerza y elegancia.

3: ACIERTOS DE DISEÑO AL SERVICIO DE LA EXPRESIÓN DE UNA IDEA
Entre otros, merecen mención estos dos detalles interesantes:
1: los pilares metálicos se retranquean de la fachada para que los paños de vidrio de las ventanas se lean continuos sin interrupción, consiguiendo una imagen más abstracta, rotunda, y de aparente sencillez.
2: la torre exigía “acabar con algo” arriba. El remate y acceso a la cubierta “juega” formalmente con el resto pero sin restarle protagonismo al giro de las plantas. Es difícil imaginar algo más acertado.

4: ES UNA OBRA EMBLEMÁTICA DE UN GRAN ARQUITECTO
Se trata de una obra emblemática de un personalísimo arquitecto, Miguel Fisac, que constituye uno de los maestros de la arquitectura moderna española.
Fisac abrió nuevos caminos de investigación desde la tradición cultural española y buscando siempre el servicio al hombre. “La arquitectura es un trozo de aire humanizado” nos decía y demostraba en sus obras.

5: REFLEJA LA SOCIEDAD Y VANGUARDIA CULTURAL DE SU TIEMPO
La investigación formal, audacia constructiva y su coherente diseño situaron a esta obra en la vanguardia de la arquitectura española de su tiempo.
Constituyó un emblema optimista del despegue económico de los años sesenta en España; ese hito futurista y amable en el camino al aeropuerto de Madrid reflejaba en cierto modo las aspiraciones de la sociedad de su época.

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…y tres exposiciones.

He tenido la oportunidad de cerrar un viaje familiar con la visita a tres grandes exposiciones en Madrid. Con estas líneas no pretendo realizar un análisis de ninguna de las tres, sino simplemente recomendar su visita, como quien recomienda un libro. Ve a verla, con tranquilidad, y si puedes, reléela, revisítala.

Fernando Jiménez Parras

«En Madrid hay gente para todo». Y quizás sea cierto, porque el sábado a mediodía la visita a la exposición de Henri Cartier-Bresson en la Fundación Mapfre (recién inaugurada) había que realizarla con paciencia. Y es que desde esa fila india que formábamos  a un metro de la pared para recorrer las diversas salas te encontrabas tantas y tantas fotos que pertenecen al imaginario colectivo, que a veces te veías arrastrado por el ritmo colectivo, y otras te veías formando un escollo porque te detenías un poco más de lo «estándar» en la mirada hacia alguna en concreto; fotografías que has visto mil veces (que incluso has tomado prestadas alguna vez) y que la inmensa (e intensa) muestra te permite contextualizar, entender y por tanto valorar aún más.  Como ni quiero ni mucho menos sé hacer un análisis exhaustivo de la exposición, me limitaré a señalar la serie de fotografías realizadas con motivo de la coronación de Jorge VI en Londres el 12 de mayo de 1937.

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En CaixaForum Madrid en esta ocasión el protagonista es Le Corbusier. «Un atlas de paisajes modernos», la estupenda exposición organizada por el MoMa de Nueva York permite un progresivo acercamiento a la trayectoria de este gran «Arquitecto, urbanista, pintor, diseñador de interiores, escritor, editor, fotógrafo y cineasta aficionado», que es como lo define el tríptico.  Hay una pequeña sala educativa que permite que los niños tengan su rato de diversión y encuentren su momento de protagonismo, y así uno puede entretenerse en ver las maquetas, fotografías (preciosas las de la Unidad de Habitación)  y dibujos (espectaculares los realizados en las conferencias en Princeton y Chicago en noviembre de 1935).  Reproduzco dos citas que me llamaron particularmente la atención porque creo que contribuyen a entender el carácter de la exposición:

Aquí, en este paisaje tan móvil, tan fluido, tan cambiante, descendente, me dije: «No voy a determinar la posición desde el suelo porque se escapa. La determinaremos a partir de la horizontal de lo alto del edificio, para que esté alineado con el horizonte. Y vamos a medirlo todo a partir de esa horizontal de lo alto, y ya pensaremos en el suelo cuando lleguemos abajo» (sobre el convento de Santa María de La Tourette)

Para que el paisaje cuente tiene que estar limitado, dimensionado por una decisión radical: tapar los horizontes al levantar las paredes y revelarlos sólo en puntos estratégicos mediante aberturas.

 

El título de la exposición «Fotografía y arquitectura moderna en España 1925-1965» es bastante elocuente. Sobre todo porque no es (solo) una exposición de fotografía de arquitectura (moderna en España). Es en realidad un recorrido por una relación. Ya la presentación del proyecto FAME por Iñaki Bergera en el VII Congreso Docomomo Ibérico esbozaba algunos aspectos de esta relación, y la exposición no defrauda.

Català-Roca, Kindel, Pando o Gómez son firmas fotográficas que acompañan cada recorrido por la arquitectura del siglo XX en España, y por tanto en esta exposición nos encontramos, cronológicamente ordenadas, muchas de las imágenes (de nuevo) que tantas y tantas veces hemos visto. Pero además encontramos otras miradas que no son tan conocidas (o absolutamente desconocidas para mi), muchas arquitecturas fotografíadas por arquitectos, y algunas fotografías de arquitectos.

Pretendía añadir, en esta panorámica, un mirada hacia una serie de fotografías que llamaron particularmente nuestra atención. Se trata de las fotografías realizadas por Ramón Vázquez Molezún en su viaje por Europa con su moto. Sin embargo, acabo de encontrar que ya hay quien lo ha hecho, y mucho mejor de lo que yo lo haría, así que…

 

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Edición en papel de La Pagoda

libros

Ya podéis adquirir la edición física de nuestro libro-recortable «La Pagoda, Miguel Fisac, 1965», al precio de 9,88 euros (iva incluido).

Realizado en impresión digital, encuadernación grapada, y en los gramajes que consideramos más adecuados para el montaje del recortable. Consta de siete láminas tamaño A3 (30 páginas A4).

Estamos preparando la distribución por el territorio nacional, y poco a poco os iremos informando de cuáles son nuestros puntos de venta.

Además, pronto podréis adquirirlo también a través de nuestra tienda.

Confiamos en que sea de vuestro agrado.

 

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Participación en la Feria de la Ciencia

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Como ya anunciamos, el pasado sábado participamos en la XVII Feria de la Ciencia del Parque de las Ciencias de Granada. Más de cien proyectos se divulgaron allí, y entre ellos tuvimos la oportunidad de estar y hablar de los recortables.

Para hablar del papel y del recortable, establecimos dos áreas en nuestro stand: por un lado el expositivo, donde ubicamos algunas de las piezas de nuestras colecciones privadas, y presentamos nuestra producción propia.

Pero sin duda el ámbito que más disfrutamos fue el de actividad: preparamos una serie de láminas sencillas para que los visitantes más pequeños pudieran manipular el papel y llevarse un recuerdo: un cubo, un flexágono, un caleidociclo… Ceras de colores, tijeras y pegamento. Durante todo el día recibimos la visita de niños y niñas que no dudaban en pasar un rato coloreando, recortando y doblando el papel siguiendo nuestras indicaciones.

A nuestro lado pudimos ver algunos robots, algunos experimentos científicos (la diferencia entre fluorescencia y fosforescencia), y cómo no, pudimos disfrutar de la inmensa colección de nuestra amiga la Asociación Antequerana del Trompo, con el fabuloso trompo volador (levitrón) e innumerables piezas singulares que ilustran magníficamente el lema de nuestro compañero: «no es magia, es ciencia».

 Una estupenda experiencia que no dudaremos en repetir.

¿Estuviste allí? ¡Cuéntanoslo!