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Puerta Nueva a la Alhambra: quejas y lamentos

El domingo pasado amaneció Granada envuelta en niebla. Un día feo, o al menos difícil de ver. Así que tras algunas dudas finalmente iniciamos nuestro plan familiar matinal: excursión a la Alhambra (en realidad, paseo por los exteriores, casi). Entre unas cosas (demoras) y otras (más demoras), finalmente el plan se transformó en paseo por el Carmen de los Mártires tras los pavos reales y otras aves, y por el Palacio de Carlos V, incluyendo descenso a la cripta para ver la exposición “Álvaro Siza Vieira: Visiones de la Alhambra”.

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Supongo que gran parte de mi problema fue pensar que iba a poder conocer en profundidad el proyecto del Nuevo Acceso y Centro de Visitantes. Qué cosas. Como el tiempo (ains, el tiempo) se nos había echado encima, no tuve más remedio que afrontar la visita como un curioso que pasa por allí y casi se limita a “echar un vistazo”; tendré que volver con mis gafas de arquitecto.

Y dicho esto:

¿Tanto trabajo cuesta exponer unos planos para que los entienda la gente? Es absolutamente imposible que una persona “de la calle” visite esta exposición y saque unas conclusiones reales sobre el proyecto que pretendía conocer. Los planos que hay, paneles del concurso a escala 1:200, en tamaño A0, requieren un gran esfuerzo de lectura y análisis, que evidentemente llevan un tiempo. Si los arquitectos somos, son, incapaces de elaborar unos planos suficientemente sencillos para que los entienda “cualquiera”… apañados vamos.

Sí, hay unas cuantas maquetas, que permiten apreciar la relación urbana, la volumetría general, algún detalle. Pero nunca entender cómo funciona, cómo va a funcionar el edificio.

Y sí, hay cinco imágenes generadas por ordenador que dan una cierta idea del edificio…

Si lo que pretende esta exposición es mostrar a la ciudad de Granada  (Berlín, Oslo, Toronto…) el proyecto de nuevos accesos a la Alhambra, y que la gente comprenda este proyecto, creo que la documentación escogida no es la más adecuada; si es lo que se pretende, claro.

Nada, que tendré que volver.

 fjp, marzo 2015
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Puerta Nueva a la Alhambra: prejuicios

En los próximos días tengo la intención de visitar el Palacio de Carlos V con la finalidad de recorrer la exposición «Álvaro Siza Vieira. Visiones de la Alhambra»,  en la que se presenta ante la sociedad granadina el proyecto (aún inconcluso) de nuevos accesos a la Alhambra.

Empecé a leer algunas cosas al respecto del citado proyecto: desde que se inauguró la exposición, la prensa local ha publicado diversas noticias en las que algunas personas califican el proyecto de atentado, secarral, insensible, y «centro comercial«. «Unos Abades a la entrada de la Alhambra».

Como bastante contaminada tiene uno la mirada ya con su deformación profesional, con su equipaje en la memoria, con sus querencias, sus filias y sus fobias, he decidido no añadir más carga y visitar la exposición «desde cero». Tan desde cero como cada cual y su subjetivo* punto de vista puede.

Llevo ya más de media vida viviendo en Granada. Me vine, y aquí me quedé. Sé que el hecho de no ser granadino hace que haya quien considere mi opinión menos válida con respecto a la Alhambra y el Albaicín; lo sé porque hace algunos años asistí a un acto en el que un arquitecto trataba de convencer a los asistentes de que su proyecto en el entorno del monumento era adecuado y recuerdo nítidamente a una señora reprocharle a voz en grito «pero es que usted no es de aquí»; agria polémica la que se organizó en aquellos días por el proyecto de marras y que acabó, si mal no recuerdo, con algunas modificaciones en la volumetría y texturas del edificio, que bajo mi punto de vista no le hicieron gran favor. Pero ese es otro tema.

Aunque meses antes de venirme a Granada alguien me advirtió «te vas a aprender la Alhambra de memoria», no es así; no me la sé de memoria. Cierto es que durante algunos años la visité con suma frecuencia, en diversas circunstancias: con frío, con nieve, con calor, solo, acompañado, muy acompañado, corriendo, en bicicleta. Medí, fotografié, dibujé, delineé, calqué… Lo normal para cualquier estudiante de arquitectura en Granada, incluido algún examen de dibujo en pleno invierno, para regocijo de los turistas japoneses que nos fotografiaban (por cierto, una observación: tan desagradable es hacer una acuarela cuando el agua se evapora como cuando se congela). Ahora ya voy a la Alhambra de turista raso: pago cuando procede, me someto a los horarios de acceso, y sufro las colas con la familia, como todo el mundo.

La Alhambra de Granada no es la Mezquita de Córdoba. Es obvio, pero creo que es importante. Para bien y para mal. La Alhambra es lo que es por su situación urbana y topográfica: aunque los comerciantes y hosteleros de Córdoba disfruten y aprovechen la situación de la Mezquita de un modo más que evidente. Pero Granada no es sólo la Alhambra: Granada es la Alhambra, la Catedral, el Sacromonte, el Albaicín… Así que si un turista viene a ver la Alhambra y se va a casa sin bajar por la cuesta de Gomérez, sin recorrer el Paseo de los Tristes, sin ver «el atardecer más bonito del mundo»,…, algo estamos haciendo mal (o el turista, o Granada). Y no creo que comer o tomar un café mientras esperas cómodamente tu turno de acceso sea hacer algo mal.

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Recomendaba un artículo de una revista el Palacio de Carlos V por encima de cualquier otra cosa de Granada. Para mi fortuna, puesto que el patio de dicho Palacio es mi espacio favorito de la Alhambra (en dura pugna con un banco de piedra que hay subiendo por la cuesta de Gomérez),  es de acceso gratuito. Y para fortuna de todos, esa elección (ver una sola cosa en una ciudad) no hay que hacerla a menudo, así que lo deseable es ver el Palacio de Carlos V… y todo lo demás.

Hablaba de mis prejuicios, y éstos hacen que si tuviera que confiar a ciegas a alguien el proyecto que nos ocupa, el elegido sería Álvaro Siza; tendría algunas candidaturas más, pero el elegido sería él. Y Álvaro Siza y Juan Domingo ganaron el correspondiente concurso de ideas, entre cuarenta y una propuestas. Siza no es Dios, claro, no es infalible. Pero cuando visite la exposición, trataré de dejar mis prejuicios disfrutando del patio circular, e intentaré, con toda la objetividad de la que sea capaz, leer, entender y analizar el proyecto. Ojalá mi apuesta hubiese sido acertada, porque creo que la Alhambra se merece un Siza, creo que Granada se merece un Siza, de verdad.

* La objetividad es imprescindible, sí, pero sólo existe desde la subjetividad que aporta el conocimiento, la experiencia, la memoria. Somos subjetivos porque tenemos nuestro punto de vista, vemos desde nuestros ojos. Para ser objetivos tenemos que hacer el esfuerzo de salirnos de nosotros mismos, de abandonar nuestro punto de vista, o de juntar éste con los demás, unir nuestra subjetividad a la de los demás.

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Recortable de las Viviendas en la Barceloneta

A finales de año editamos nuestro número 2, dedicado a las Viviendas en la Barceloneta, el conocido proyecto de José Antonio Coderch y Manuel Valls.

En esta ocasión, el recortable se distribuye en tres láminas A3 (420x297mm), dobladas en A4 y con la portada y contraportada como base para el montaje.

Se incluyen detalladas instrucciones de montaje en fotografías para facilitar el proceso.

El montaje del edificio, a escala 1:150, permite conocer no sólo la volumetría exterior del mismo, sino también la particular distribución de una de las viviendas.

Podéis adquirir el libro recortable en nuestros puntos de venta habituales, o en nuestra propia tienda.

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Geometría para náufragos

El horizonte según la definición de la Rae es “el límite visual de la superficie terrestre, donde parecen juntarse el cielo y la tierra”.

En geometría descriptiva, en el sistema cónico, la línea del horizonte se sitúa en el infinito, a la altura del punto de vista.

En algún momento de nuestra educación infantil aparecía una secuencia dibujada que nos evidenciaba que la tierra era redonda: desde el puerto, un observador veía acercarse un barco; inicialmente aparecía por el horizonte solo la bandera, luego el mástil, las velas completas… hasta que finalmente se revelaba la embarcación completa. Esta visión se producía (evidentemente) por la curvatura del planeta, que en el mar no se ve afectada por el relieve superficial; si la tierra, y por tanto la superficie marina, fuesen planas, en todo momento el observador habría visto el barco completo, aunque cada vez más grande (más cercano); como en nuestra geometría descriptiva.

Cuando el carguero en que viajaba con su familia se hundió, Piscine Molitor Patel logró mantenerse a salvo en un bote salvavidas. Allí encontró un manual de supervivencia, en el que aprendió que el horizonte, visto desde la altura de un metro y medio, se encuentra a una distancia de cuatro kilómetros.

Redefinamos el horizonte como el lugar donde se juntan el cielo y el mar, y determinemos dónde está.

En realidad, la operación es muy sencilla: sólo tenemos que definir un triángulo rectángulo en el que el cateto mayor es el radio terrestre  (distancia del agua al centro de la tierra, el radio de la tierra), la hipotenusa la distancia entre el centro de la tierra y el punto de vista del observador (el náufrago que doma al tigre y está pendiente de que aparezca un barco que le rescate, es decir, el radio de la tierra más la altura del observador), y el cateto menor la distancia al horizonte (d).

Y aplicando el teorema de Pitágoras (el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos), obtendremos el valor de la distancia al horizonte.

Ninguno recordaremos el radio de la tierra (ni el mínimo, ni el máximo, ni el medio, por aquello de que la tierra tiene forma de esfera achatada por los polos). Sin embargo, en lo más recóndito de nuestra memoria académica encontraremos algo que relacionaba el metro y las dimensiones terrestres… Sí, por definición, un metro es la diezmillonésima parte del cuadrante del meridiano terrestre. Es decir, que el meridiano terrestre mide cuarenta millones de metros, por lo que es fácil calcular que el radio terrestre es 6.366.197 metros (suponiendo la vaca esférica y homogénea).

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Y como el manual de supervivencia establecía la altura del punto de vista en 1,5 m…, podemos afirmar que el horizonte se encuentra a 4370 metros del observador.

Si Rodrigo de Triana gozaba de buena vista, la noche era despejada (y supondremos de luna llena), y estaba atento a su labor,  cuando gritó “¡Tierra a la vista!” estarían aproximadamente a 15 km de la misma, que era la distancia al horizonte desde los aproximadamente veinte metros de altura del palo mayor de la Pinta.

 

* Piscine Molitor Patel es Pi, el protagonista de La Vida de Pi, novela de Yann Martel llevada al cine por Ang Lee.

 

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Barceloneta revisitada

Si a un estudiante de arquitectura (y a los ya titulados siempre les queda algo de estudiantes) le pedimos que cite cuatro obras de Coderch, probablemente dos de ellas sean la Casa Ugalde , y las viviendas en la Barceloneta.

Del edificio de viviendas en la Barceloneta, obra de José Antonio Coderch y Manuel Valls, todos recordamos las bandas verticales de color naranja, y las lamas:  las lamas horizontales, frecuentemente empleadas por Coderch, y que esta ocasión adquieren un ancho mayor de lo habitual adaptándose a la escala del edificio.

En realidad, existe la posibilidad de que alguien recuerde las lamas, recuerde las bandas verticales, pero no ese color naranja. Y si esto es posible es porque en nuestra memoria hemos visto en muchísimas ocasiones esas viviendas desde la mirada del fotógrafo Francesc Catalá Roca, y por tanto en blanco y negro.

El aspecto exterior del edificio manifiesta una indudable modernidad y abstracción: el contraste entre las bandas cerámicas y las zonas protegidas con lamas (toda la relación de la vivienda con el exterior se realiza a través de estas lamas, orientables pero no practicables); toda la fachada de las viviendas configurada como un único plano que se quiebra y se pliega en las fachadas laterales; la planta baja constituida como zócalo (de nuevo el contraste entre planos, entre llenos y vacío) sobre el que vuela el volumen de viviendas, casi sin tocarse (sólo una arista de continuidad en cada una de las fachadas laterales, además de la medianera). Y finalmente el alero, que se separa de la cubierta dejándonos ver el cielo desde la calle, y constituyéndose a su vez en coronación del peto de la azotea.

Ver por primera vez la planta de estas viviendas supone un ligero desconcierto: un aspecto laberíntico que en una primera y rápida impresión puede parecer gratuito, casi frívolo; puedes llegar a pensar… ¿funcionarán? Pues sí, las viviendas funcionan; según los autores, la ruptura de la ortogonalidad que caracteriza a esta planta se debe únicamente a la necesidad de encajar dos viviendas de tres dormitorios por planta. ¿No había otro modo? Lo hubiera o no, lo que sí se hace evidente, una vez analizada detenidamente la planta, y comprobado que las viviendas funcionan muy bien, es que estos giros generan una riqueza espacial y visual en el interior de la vivienda que difícilmente se alcanzaría sin ellos; las relaciones establecidas entre los dormitorios, las galerías y el exterior, o el vestíbulo, el salón y el exterior…

Volver a ver, de tarde en tarde, estas plantas, estas imágenes, nos recuerda el valor de la buena arquitectura, de la que sin duda Coderch y Valls fueron grandes autores.

La Casa Catasús y la Casa Rozes serían probablemente las otras dos obras que me vendrían inmediatamente a la mente.

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¿rehabilitar, conservar, esconder, congelar?

Hoy casualmente me he topado con unas fotos que hice en abril de 2003. cuando estaba siendo demolida la Estación de Autobuses de Granada, situada entre Camino de Ronda y Arabial. Aunque estuve algunos años utilizando esa estación, mi recuerdo acerca de la misma es muy difuso, y casi se limita a un sitio oscuro, sucio y maloliente al que siempre llegaba con la hora justa para coger el autobús y del que siempre huía en cuanto el de vuelta llegaba. Así que en mi memoria no hay datos para añorar el edificio.

Sin embargo, la demolición de la estación, una vez su uso fue trasladado a la estupenda, amplia, bien comunicada, limpia y luminosa terminal nueva en la Carretera de Jaén,  dejó ver una preciosa estructura de hormigón que de manera casi anecdótica fotografié.  Dicha estructura de hormigón (de los hangares) contaba con algún tipo de protección, pues el proyecto de viviendas, oficinas y espacio deportivo que Rafael de la Hoz  realizó en el lugar conservó dicha estructura, albergando el uso deportivo (desconozco si el estudio Rafael de la Hoz se hizo cargo realmente del proyecto del equipamiento deportivo).

Algún tipo de patología (degradación, corrosión…) sufría la estructura, de manera que fue necesario un refuerzo metálico más que significativo (como se aprecia en la fotografía aérea).

En la actualidad, no hay ningún rastro en el edificio que indique que esa estructura es la del hangar de la antigua estación; todo está reforzado  y forrado, escondido. Quizás la única pista sea el contraste entre el bloque residencial y el deportivo.

Y encontrarme hoy las fotos me ha hecho preguntarme… ¿tiene sentido? ¿Tiene sentido conservar una estructura (supongo) tan dañada que hay que reforzarla de un modo que impide cualquier relación del original con la vida nueva, con el espacio nuevo? ¿Tiene sentido esa imposición formal, ese sobrecoste?

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oportunidad y riesgo

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El primer lunes de octubre se celebra el Día Mundial de la Arquitectura. Es habitual que el mundo de la arquitectura celebre actividades conmemorativas, divulgativas y de visibilidad en ese día y por extensión y programación en esa semana, la llamada Semana de la Arquitectura. Desde el año 2012, uno de estos actos consiste en la colocación de placas identificativas en aquellos edificios incluidos en los distintos Registros Docomomo.

Ayer martes 7 de octubre de 2014 asistimos a la colocación de la primera de estas placas en la provincia de Jaén. El edificio elegido fue el Colegio Padres Paules, también conocido como Seminario Reina de los Apóstoles, en la localidad de Andújar.

Luis Laorga Gutiérrez, autor de diversos edificios docentes, proyectó en 1965 este edificio, siendo el punto que señala el fin de la extensa y profunda huella del Movimiento Moderno el municipio, iniciado con el Salto del Jándula de Casto Fernández-Shaw, y que incluye el Poblado de Colonización de Llanos del Sotillo, el cine Tívoli, la viña Gisbert y el Mercado de Abastos.

El complejo programa requerido, que incluía residencia de alumnos, comunidad femenina, comunidad masculina,  áreas de docencia y ocio,  así como zonas para el público ajeno al centro, se resuelve con una gran claridad y contención formal, con una rotunda organización global y de cada una de sus áreas, estableciendo las adecuadas y medidas relaciones entre ellas, recurriendo a la creación de diversos patios y ámbitos semicerrados que califican y cualifican los diversos espacios y sus relaciones y facilitan la articulación de los distintos usos, cediendo la representatividad para la pequeña Capilla ubicada en el acceso, y estableciendo evidentes relaciones proyectuales con la coetánea Universidad Laboral de Huesca, proyectada el mismo año por Laorga junto a José López Zanón.

Las diversas obras escultóricas, litúrgicas y cerámicas de Joaquín Rubio Camín son plenamente coherentes con el tono global del edificio.

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Desde 2008 el edificio se encuentra sin uso, y pese a que en 2011 pasó a titularidad pública, las circunstancias económicas han dejado en suspenso la implantación de un nuevo uso, a la espera de que la situación permita, por fases, ubicar nuevas funciones, públicas esta vez, en el inmueble.

Los edificios no pueden ser espacios vacíos. La mayor garantía de la adecuada conservación de un edificio es su uso, su funcionamiento diario, la vida. Sin vida, el deterioro de un inmueble es inevitable y progresivo; al paso del tiempo se une un inadecuado mantenimiento, y una mayor exposición a daños externos, incluso actos vandálicos y malintencionados.

Es necesario poner de nuevo en uso el edificio, volver a dotarlo de vida. Escogiendo adecuadamente el programa, un programa que habrá de ser capaz de encajar en los espacios existentes, en su estructura formal y organizativa, sin pervertir el edificio original. De la elección de este uso y de su modo y de sus tiempos de implantación (¿es viable plantear de un modo coherente el uso de distintas áreas del edificio paso a paso?) dependerá el éxito de la intervención.

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Ayer, durante el acto de colocación de la placa, se habló del valor de estos pequeños gestos por el reconocimiento que suponen para el patrimonio y para la ciudad en sí.  Se habló del orgullo que supone para la ciudad de Andújar su extenso patrimonio del Movimiento Moderno, reflejado con seis obras en los Registros Docomomo. Y también se habló de la importancia, desde el punto de vista social, de que los edificios estén en uso, en funcionamiento, y de las dificultades que en ocasiones existen para cambiar el programa de uso de un edificio: escuela de hostelería, escuela de deporte, escuela de idiomas…

El Colegio Padres Paules, por sus características, por su resolución formal y organizativa, es un edificio capaz de albergar múltiples usos de manera simultánea y entre los que se pueden establecer adecuadas relaciones de integración o de separación, según sea necesario.  No es el Colegio un edificio “contenedor” que admita una nueva fragmentación a demanda; es un edificio que respondía de un modo claro y preciso a un programa complejo, no unitario, y es precisamente esta respuesta y esta complejidad inicial la que permitirá encontrar el modo de volver a ponerlo en funcionamiento.

La viabilidad de la implantación de los diversos usos planteados (una vez desechado el uso original) dependerá del rigor, la cautela, el cuidado y si se me permite el cariño hacia el edificio existente, de modo que la intervención lo sea de mínimos, y coherente y respetuosa con el origen.

La colocación de la placa Docomomo ha de servir para el reconocimiento al edificio, ha de ser motivo de orgullo, pero sobre todo ha de permitir que la mirada de los políticos, los técnicos y la sociedad en su conjunto se detenga en un edificio de gran valor arquitectónico, y en la arriesgada oportunidad (que no oportuno riesgo) que supone, en el siglo XXI, la re-habilitación (re-vitalización) de una excelente pieza de nuestro patrimonio reciente.

Este edificio se encuentra incluido en el Registro Docomomo Ibérico de Equipamientos, en el Catálogo del Plan General de Ordenación Urbanística de Andújar, y en el Registro Andaluz de Arquitectura Contemporénea.

Y sí, merece un recortable.

Fernando Jiménez Parras, arquitecto. Colaborador con la Fundación Docomomo Ibérico en los trabajos de Registro de la provincia de Jaén.

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Luz, aire, espacio

Cuando te incorporas a una cola y ves un cartelito que reza «Desde aquí 45 min», lo primero que se te viene a la cabeza es un «Puf, ¿merecerá la pena?». Ves a la gente salir, y les oyes hablar «Está bien, pero esto es más para los críos», y con la otra oreja escuchas al crío decir «Un rollo». En cualquier caso, ya estamos aquí, vamos a ver. Lo que está claro es que en la semana que llevaba en el Parque de las Ciencias de Granada estaba siendo un éxito de público.

El aspecto exterior es el de un castillo hinchable, así que la versión «Esto es más para los críos» no suena disparatada. Pero…

Cuarenta y cinco minutos pasan rápido, y más si los aprovechas para mirar en internet la web de Architects of Air:  «Un luminarium es una escultura monumental en la cual el público se adentra caminando para disfrutar de una experiencia sensorial provocada por la belleza de la luz y el color… Entren y déjense llevar». Y vuelves a dudar sobre la versión correcta.

Enseguida niñas y adultos nos vimos en el vestíbulo previo, descalzándonos, porque al Luminarium se entra descalzo. «Por favor, no os quitéis los zapatos hasta que os lo digamos, porque para saber cuántas personas hay dentro contamos los zapatos que hay aquí». Cien zapatos. Cincuenta pares. Y al salir un pequeño grupo por fin es nuestro turno.

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Las advertencias en el vestíbulo son claras: hay que tener cuidado; el material del que está hecho el Luminarium es muy fino y delicado, así que nada de correr, nada de saltar, nada de echarse en las paredes… Pues no, no es un castillo hinchable. Padres, vigilad a los críos; críos, vigilad a los padres. Qué buen trabajo hacen siempre las chicas de amarillo del Parque de las Ciencias, saben cómo sacarnos a todos una sonrisa.

Y tras esa cortina de plástico rígido… empieza la aventura. Y entonces lo comprendes, todo, inmediatamente.

En ese momento conoces, reconoces,  la materialidad de la luz. Alberto Campo Baeza dijo en alguna ocasión que la luz es el material más lujoso que hay, pero que como es gratis, no lo valoramos. El Luminarium es luz hecha espacio. El color, que lo domina todo, hace además que casi podamos tocar la luz. Rojo, azul, verde… Sorprende que un día nublado como el que teníamos sea capaz de generar una luz así, tan intensa. Tan material. La luz, material, generosamente derrochada.

Recorrerlo supone pasar de espacios amplios a otros angostos, comprimidos. Las secuencias, naturalmente, son determinantes, y  es fácil confundir la escala global de la instalación al dar vueltas por los distintos pasillos. Encuentras pequeños nichos laterales, zonas donde tumbarse, recostarse o sentarse.

Y todo dominado por esa luz material tenue y coloreada que impregna y caracteriza completamente el espacio.

El gran espacio, la cúpula «Enschede», ve su escala magnificada por las transiciones previas, así como el particular tratamiento de su techo, con iluminaciones lineales de gran potencia visual.

Y aire. Claro, es un castillo hinchable, un globo inflándose constantemente, un espacio en sobrepresión. Encuentras los puntos de entrada (las pérdidas son obvias), y te das cuenta del ingente trabajo que supone soldar las distintas piezas de pvc entre sí, y luego acoplar (con cremalleras) los distintos módulos que componen el total. Todo para poder tocar la luz en ese aire.

«Este LUMINARIUM se inspira en la belleza de las formas geométricas de la naturaleza y en la arquitectura islámica. Sus cúpulas y túneles recuerdan las formas repetitivas de los bazares iraníes», es lo que cuenta la pequeña reseña que incorpora el plano. Las superficies curvas, continuas, de algún modo impuestas por la técnica, evocan esas formas, esas arquitecturas. Pero las escalas, los recorridos, las sucesiones denotan una clara intencionalidad en el diseño.

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Sí que es un castillo hinchable. Es un magnífico castillo hinchable cuyas tripas por una vez recorres y vives.  «Un acuario de luz a conciencia», titulaba su reseña un medio, y algo tiene de cierto ese apelativo, acuario, cuando uno se sumerge en su luz, su aire, su espacio.

Para críos.  De 0 a 99 años.

 

La instalación Luminarium, Arquitectura del Aire, ha estado instalada en el Parque de las Ciencias de Granada entre los días 18 y 28 de septiembre de 2014. Si en algún momento pasan cerca de vosotros, no perdáis la ocasión de visitarla, merece la pena. Entrad tanto tiempo como podáis, tantas veces como podáis, en tantas circustancias distintas como podáis.  Esperemos que vuelvan por aquí.

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un juego frívolo y perverso

Ayer, al hilo del artículo publicado en El País referente a Javier Carvajal, se inició en twitter (en la pequeña parte de twitter sobre la que tenemos vistas, se entiende) un entretenido debate sobre un imaginario podio en el que se disputaban el espacio los grandes arquitectos españoles.

Que hay déficit de reconocimiento hacia algunos arquitectos españoles es más que evidente. Carvajal, Higueras, Aburto… Su obra no siempre es reconocida ni siquiera entre los propios profesionales de la arquitectura (cualquiera conoce a Le Corbusier, pero la cosa cambia con los nombrados, por poner algunos ejemplos).

Así que alguien expresaba que Carvajal estaba situado en el segundo escalón de ese imaginario podio, lo que ha generado una sucesión de tweets sobre los ocupantes de cada uno de esos escalones, que inicialmente eran escalones multitudinarios, pero en que al final, como en los inmortales, sólo puede quedar uno.

Por orden de aparición, intentaré no dejarme a ninguno:

Carvajal, Higueras, Corrales, Molezún, Fisac, Coderch, Sota, Oiza, Fernández del Amo, Cano Lasso, Sert, Aizpurúa, Moreno Barberá, De la Hoz, Aburto, Asís Cabrero, Gutiérrez Soto.

Esos diecisiete nombres de la arquitectura española del siglo xx  han salido en un ratito, a vuelapluma, entre los distintos participantes en el juego twittero. Todos ellos candidatos de algún modo a ocupar su espacio en un hipotético podio.

El juego adquiría una nueva dimensión cuando alguien proponía «dar el hiperpremio de la arquitectura española, a uno». ¿Quién debería ocupar el escalón más alto del podio del Olimpo de la Arquitectura Española?  ¿Quién es el Maestro de Maestros? ¿Se puede realmente proponer a ese Zeus de la Arquitectura Española? ¿Se puede hacer dicha propuesta a través de twitter?

Y como nos gustan los juegos, no vamos a rechazar este, y desde aquí os pedimos vuestra participación. Decidnos, ¿qué arquitectos están en el olimpo de la arquitectura española? El marco temporal más o menos está establecido con los diecisiete nombres ya citados, pero lo acotaremos en los primeros 75 años del siglo XX. ¿Qué arquitectos españoles, cuya obra esté contenida en ese periodo temporal, son los mejores? Os pedimos que os pronunciéis, con el nombre del arquitecto, y una obra suya (para de algún modo justificar su presencia), e incluso una fotografía. Dejad comentarios en esta entrada, o publicad tweets o entradas en facebook,  utilizando la etiqueta #OlimpoArquitecturaES.

Con vuestra participación solamente queremos generar debate. Nos interesa conocer vuestros puntos de vista sobre los dioses de la arquitectura española. Y no, no vamos a transformar esto en un rollo democrático (en plan «el más votado será designado el mejor»). Este juego no tendrá ganadores, no tiene objetivo, más que el propio juego. Nos gusta la Arquitectura y nos gusta ver Arquitectura; como dejó escrito uno de esos maestros, «la emoción de la Arquitectura hace sonreír, da risa».

Muchas gracias por vuestra participación.fisac010desBYN