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La Farola de Málaga

2 Agosto, 2017

 

Este año se ha cumplido el segundo centenario del encendido de la icónica Farola de Málaga. Con este motivo reproducimos el texto sobre dicha construcción en el libro “El Puerto de Málaga. 30 siglos de vida. 400 años de historia”, de los historiadores Francisco Cabrera y Manuel Olmedo auspiciado por la Junta del Puerto y que obtuvo el  I Premio de Andalucía de Cartografía Histórica. La planimetría reproducida corresponde al arquitecto Ciro de la Torre.

Además, en este artículo recientemente publicado en La Opinión de Málaga se presenta una nueva e interesante publicación de los autores.

Próximamente, además, os contaremos alguna novedad relacionada.

 

Sebastián del Pino Cabello, arquitecto, agosto 2017

 

Imagen extraída de Google Maps.

Su construcción comenzó en 1814 terminándose tres años más tarde, aunque, como es de suponer, hasta la fecha indicada contaron estas instalaciones con un sistema de iluminación más artesanal y por lo tanto menos eficaz que cumplía, en cierta medida, tan fundamental misión protectora para la navegación nocturna. Veamos una sucinta relación de los hechos con parte de los datos de que disponemos.

Remontándonos en el tiempo, parece ser que ya los primeros pobladores de estas tierras encendían una hoguera en la cumbre de nuestro secular Gibralfaro, para guiar a las naves durante la noche por las a veces inquietas aguas mediterráneas. Los árabes mantuvieron el mismo sistema o, cuanto menos, conservaron parte de su nombre de indudable etimología helena: “Gibel al Phar”, esto es, monte del faro.

La llegada de la Modernidad trajo consigo la espectacular transformación de los muelles malacitanos que hemos tenido ocasión de comentar a lo largo de este libro. Sin embargo, hasta 1722, no nos aparecen noticias de que fueran denunciadas las dificultades que extrañaban para el tráfico marítimo el tomar sin luz la bocana del puerto.

Así, hubo que esperar al ingeniero Jorge Próspero Verbom, para encontrar el diseño de una linterna de cantería que estaba destinada a ocupar la cabeza del muelle viejo, una vez que ésta se hubiese terminado totalmente, lo cual no se produjo hasta mucho tiempo después.

En consecuencia, se dispuso por el mismo equipo técnico y directivo la erección de un fanal provisional de madera conteniendo lámparas de aceite, el cual se iba haciendo avanzar a lo largo del dique a medida que las obras progresaban: sistema que, aunque se nos antoja insuficiente por el poco alcance de las luces, resultaba útil hasta donde podía.

De esta forma navegaron nuestros marinos durante el siglo XVIII y los comienzos del XIX, si bien, en el último tercio del primero de los citados aparecen algunos intentos fallidos de sustituir la precitada gavia, cuyo mantenimiento era además sin duda engorroso debido a los deterioros sufría con la humedad y el salitre, por un faro de obra que mejor pudiera satisfacer a las exigencias de su servicio.

Hubo que esperar hasta 1817 para contemplar a nuestra bahía iluminada con la suficiente potencia como para asegurar, en la medida de lo posible, una navegación que cada vez se hacía más intensa.

Surgió entonces la malagueña Farola, construida en la fecha indicada por el ingeniero Joaquín María Pery, quien la planificó para la cabeza del muelle de levante, junto a la batería de San Nicolás, y con una estructura troncocónica. Encima de la base menor se ubicaba el aparato iluminador, que supuso la culminación de viejas aspiraciones de la clase comercial local y de cuantas personas tenían en la mar su modo de vida. Dos lápidas en el interior del edificio recuerdan a todos tales hechos:

REINANDO FERNANDO VII EL AMADO

se hizo esta obra y cuanto hay en

ella está ejecutado con materias y

por artífices españoles.  Año de 1817.

Esta obra fue proyectada y dirigida

por el Brigadier de la Armada,

Director del Puerto de Málaga

D. Joaquín María Pery y de Guzmán.

 

El mencionado marino, que llegaría a ser nombrado ingeniero director del puerto de Málaga por real orden de 27 de septiembre de 1833, según consta en su expediente militar, ya tenía en este tipo de trabajos sobrada experiencia, habiendo construido un fanal de similares características en el Castillo de San Sebastián de Cádiz, según la decisión de su Junta en sesión de 15 de julio de 1794.  Posteriormente fue destinado a Málaga, ciudad en la que había estado con anterioridad cumpliendo varios encargos relativos a las obras públicas locales, en los cuales siempre demostró una gran eficacia. Su hoja de servicios recoge el proyecto aquí analizado con estas palabras:

En real orden de 15 de junio se dignó S. M. aprobar la pronta conclusión de la nueva torre que construyó en el muelle del puerto de Málaga para colocar sobre ella el fanal giratorio.

Una publicación de la época recoge y describe tan importante elemento en el normal desenvolvimiento de­ tráfico portuario de la forma siguiente:

Merece sobre todo particular mención el nuevo fanal giratorio, construido para auxilio de los navegantes del Mediterráneo en la punta del muelle viejo del puerto, por el celo y dirección del ingeniero en jefe de marina D. Joaquín María Pery, a quien debe Málaga las obras de más importancia y utilidad en estos últimos tiempos.

Tiene una elevación vistosa y proporcionada, y todos los materiales que entraron en su construcción fueron elaborados en el suelo español. La cúpula es de bronce, los cristales fueron hechos en la Granja y los reverberos de plata son del acreditado taller de D. Manuel Marín… … Se encendió por primera vez el 30 de mayo del mismo año (1817), día del Rey N. S.

Una vez inaugurado desempeño un importante papel aumentando la seguridad del tráfico marítimo de la zona.

En 1853 fue aprobado el proyecto del ingeniero Ángel Mayo que pretendía dotar de una vivienda al farero que tenía como obligación cuidar del buen funcionamiento de la linterna.

Dos años más tarde se reformó la parte superior de la torre para acoger “a un nuevo aparato luminoso”, ya que la densidad del comercio y la envergadura de los buques había aumentado considerablemente, siendo inauguradas las obras en 1858.

Por último, iniciado el siglo XX, se vio la necesidad de aumentar de nuevo el espacio disponible a las habitaciones y servicios, realizándose en 1909 el correspondiente estudio que, tras ponerse en ejecución, se liquidó en 1915 en la cantidad de 24.996,61 Pts.

Planos del arquitecto Ciro de la Torre.


Cubierta para el Monasterio de San Juan en Burgos Viviendas en la Villa Olímpica de Barcelona
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